martes, 21 de mayo de 2013

Autodefensa



A Pedro Gascón, que me dijo: escríbelo




Mis guantes mienten,
bajo la lana rosa,
son guantes de boxeo.

A los seis años me hicieron tomar
amargas medicinas,
queriendo así calmar la rabia
de mis defensas,
hasta ese punto llego en mis ataques preventivos.

Y sabed
que bendigo mi fuerza
y mis puños ensangrentados.

Tenía dieciocho
cuando por vez primera
intentaron violarme,
y veinte la segunda,
no pudieron, pues soy
una pequeña boxeadora
ofortunada.

Nunca lo había escrito,
por no ser una chica
que escribe violación o semen
y quiere ser con ello transgresora,
porque en mis poemas
lo oscuro apenas me rozaba.

Hoy escribo ansiolítico,
dolor y semen
porque conozco su sabor.

Hoy ansío un descanso entre rounds,
una voz dentro
de mi, o fuera.
que como Humphrey Bogart diga:
"Tranquila preciosa, todo irá bien".

Y sobre todo,
y por favor que yo,
sobre todo, que me lo crea.






lunes, 4 de julio de 2011

Sed de absolutos









A veces me pongo triste y tengo pequeñas crisis de "sed de absolutos" que diría un místico.
Un deseo de que algo más gran de que yo me arrebate, de que la vida se manifieste en todo su esplendor. Entonces más o menos inconscientemente me pongo a escuchar a Sigur Ros, y a leer a San Juan de la Cruz, a Safo, a Rumi,o relatos eróticos, que para el caso es lo mismo.
Es decir,busco la solución en la poesía, que creo que puede sacarte de la tristeza mejor que cualquier filosofía o libro de autoayuda.

Esta vez he encontrado los versos donde menos me lo esperaba.

El inicio de la Oda 37, libro I, de Horacio:

"Nunc est bibendum, nunc pede libero
pulsandu Tellus....."

"Es hora de beber,
hora de tocar la tierra
con el pie libre"

Y este es un poema de Omar Khayyam, un astrónomo persa del siglo XI:

"Si sembrarte en tu corazón la semilla del Amor, no fue inútil tu vida.
Tampoco si intentaste escuchar la voz de Dios.
Y menos aún, si con sonrisa ligera ofrendaste al placer tu cáliz"


viernes, 1 de julio de 2011

de Andreade



Hoy me siento extraña entre mis cosas, será por volver del mar o por el eclipse de sol en cáncer, que es mi luna, como diría mi madre.
Pero he encendido el ordenador y me he encontrado un poema de Eugenio de Andreade, que siempre parece estar a punto de deshacerse en una felicidad luminosa y doméstica.
Y sólo eso, que lo quería compartir (la foto es de una niña que cantaba por la calle y me hizo pararme a escuchar):

Hay días


Hay días en que creemos
que toda la basura del mundo nos cae
encima. Luego
al salir al balcón vemos
a los niños corriendo por el muelle
mientras cantan.
No sé sus nombres. Uno
u otro se parece a mí.
Quiero decir: al que fui
cuando llegué a ser
luminosa presencia de la gracia
o de la alegría.
Una sonrisa se abre entonces
en un verano antiguo.
Y dura, dura aún.



miércoles, 8 de junio de 2011

He salido a correr

He salido a correr,
y al llegar a casa he estirado las piernas,
en mi patio.
Me he tendido sobre el suelo,
volaban sobre mi,
en círculos,
unos pájaros
y eran los pájaros de mi infancia,
de una ciudad con mar.
Mis gatos han tumbado
sus pequeñas vidas sobre mi cuerpo,
y hemos permanecido así un rato.
Y he respirado hondo,
como hacía mucho tiempo que no respiraba.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cosas pequeñas que no se rinden


Una rama tronchada,
sorprendentemente,
ha florecido en un vaso,
en mi habitación.

viernes, 16 de abril de 2010

zarzamorazarzamorazarzamora


No es ni de lejos ni poeta favorito, pero desde hace días tengo muchísimas ganas de decir zarzamora, zarmzamora, zarzamora.


MEDITACIÓN EN LAGUNITAS

El nuevo pensamiento es todo pérdida.
En eso se parece al antiguo pensamiento.
La idea, por ejemplo, de que cada particular borra
la luminosa claridad de una idea general.
Que el pájaro carpintero cara de payaso
que escudriña el esculpido tronco muerto
de aquel abedul es, por su sola presencia,
alguna trágica caída de un mundo primigenio
de luz indivisa. O la otra noción que dice
que, como en este mundo no hay una sola cosa
que corresponda al arbusto de la zarzamora,
una palabra es la elegía de lo que significa.
De esto hablamos anoche ya tarde y en la voz
de mi amigo había un delgado hilo de pena,
un tono casi de queja. Un rato después entendí
que, al hablar así, todo se disuelve:
justicia, pino, cabello, mujer, tú y yo.
Una vez hice el amor a una mujer y recuerdo cómo,
al tomar sus pequeños hombros entre mis manos,
sentí un violento asombro ante su presencia,
una sed de sal, sed del río de mi niñez
con sus cauces insulares, tonta música del barco
del placer, charco donde atrapamos aquel pececillo
naranja y plata llamado semilla de calabaza.
Apenas si tenía que ver con ella. Anhelo, decimos,
porque el deseo está lleno de distancias infinitas.
A ella yo le daba igual seguramente.
Pero cómo recuerdo la manera en que sus manos partían el pan,
lo que su padre le dijo para herirla, lo que soñaba.
Hay momentos en que el cuerpo es tan luminoso como las palabras,
días que son la carne buena prolongándose.
Una ternura tal, aquellas tardes y noches
repitiendo zarzamora, zarzamora, zarzamora.

Robert Hass

jueves, 25 de marzo de 2010

Pequeñas ofrendas



A veces lo que me apetecede hacer pan no es masticar la miga caliente, recién salida del horno.
Lo que quiero es oler la masa levándose, huele, ya lo he dicho alguna vez, a vida.
Sólo hay que esperar y las cosas crecen por si mismas. Nada es tan fácil ahora mismo, todo parece estancado. Pero mezclas un poco de harina, agua y levadura y en un par de horas, una masa crece para ti.
Entiendo que el cristianismo lo cogiera como símbolo de la carne. Es la materia ofreciéndose, un pequeño milagro.